Por qué acabé en Malta a los 25 años en un viaje de estudios.

Me lanzo a contar mi vida tipo blog. Puede haya gente que piense ¿y a mi qué me importa lo que le pasó a esta muchacha? pero habrá otros a los que les pueda ayudar. Y eso espero.

Desde pequeña quise estudiar medicina para estar viajando con médicos sin fronteras por medio mundo, pero resultó que no era buena en las matemáticas. Así que me cambié a letras, e iba a hacer periodismo de guerra ¡pero para eso no había salidas! todo eran trabas… así que al final hice lo que me recomendaron ¡maldita adolescencia! y estudié publicidad y RRPP (con la idea de especializarme en algo que me permitiese viajar.

¿Sabéis cuando empecé a estudiar en la universidad? en 2008 ¿Y qué pasó ese año? que la mitad de los países desarrollados reconocieron estar en crisis ¿y qué es lo primero en lo que escatiman las empresas cuando están en recesión? en publicidad. Mi sueño de ser una hipermegasuper profesional que se moviese entre los rascacielos neoyorquinos mientras viajaba por trabajo de punta a punta del mundo conociendo cientos de culturas se fue al garete (además que la carrera no me gustó un carajo)

Estudié en una universidad con convenios de Erasmus a destinos que no me parecían muy apetecibles, y además pasé 4 de los 3 años de carrera con pareja. Así que me quedé sin Erasmus, Séneca y Mundis ¡yo, que cuando entré me llevé una decepción porque solo se podían hacer 2 de los 3 viajes! Al acabar estudié un master blablabla y me amargué. Había estudiado algo que no me gustaba, no me salía trabajo de eso que no me gustaba y mi vida era muy aburrida.

Así que en 2014, tras tener un dinerillo extra (tuve un choque con el coche) miré donde irme a aprender inglés (ya que me lo pedían en todos las entrevistas) Londres nunca me ha llamado la atención (y luego acabé viviendo allí un año ¡las vueltas que da la vida!), Nueva York estaba muy lejos y no me llegaba para tanto… y vi Malta.

¿Os he dicho que soy horrible en geografía? ¡No sabía donde estaba Malta! para ser sincera no sabía ni que existía. Era barato, busqué información y me pareció precioso y oye, que se me cruzó algo que me dijo ¡vete!

Así que el día de la madre de ese 2014 me subí en un avión sin billete de vuelta (con la esperanza de que me cogiesen allí en un periódico o revista) dejaba 2 perros, una madre sollozando (soy hija única) y una relación en sus últimos días con sus integrantes sin el valor suficiente de acabarla.

La sensación al llegar la recordaré siempre. Estaba donde siempre había querido estar.

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